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Desafiar la realidad, de eso se trata el trabajo que semana a semana realizan los vecinos y las vecinas del asentamiento Torre 8 ubicado en el barrio Colón. TECHO llegó al asentamiento en el 2017 de la mano de voluntarios y voluntarias, hoy son José y Giuli los coordinadores que acompañan la planificación y concreción de los numerosos proyectos que la comunidad propone e impulsa.

El primer desafío que enfrentó la comunidad fue el arreglo de las calles, un punto indispensable para la accesibilidad de la zona. Acá no entraban ambulancias, no entraba nada en verdad, incluso cuando llovía teníamos que ir caminando despacito; poníamos piedras, colchones y todo tipo de cosas para poder pasar” cuenta Sonia vecina referente del asentamiento. Según el relevamiento de información realizado en el 2018 , el 40 % de las viviendas es inundaban. Luego de unos meses de trabajo lograron, concretar el primer proyecto, este fue fundamental para impulsar el resto de los proyectos.“Después de las calles, pensamos en seguir con el comunal, para poder darle un lugar físico al merendero” agrega Sonia.

En mayo de 2018, se pudo concretar la construcción del nuevo salón comunal, transformándose en un proyecto simbólico para toda la comunidad. Este nuevo proyecto trajo consigo un espacio de encuentro para todo el barrio, permitiendo además continuar con el merendero.

Los vecinos y las vecinas comenzaron a notar los cambios que antes veían lejanos, ahora no se podía aflojar. A mediados de 2018 iniciaron la planificación  del cercado del salón comunal, un invernáculo y la construcción de una plaza. Este proyecto fue diferente a los demás, la comunidad decidió presentarlo para ser aceptado en el proceso de FONTECHO, instancia en donde todas las comunidades exponen proyectos de trabajo, y los que presentan mayor desarrollo son los que obtienen la financiación.  Ya en octubre ese proyecto fue otro hecho, un logro más alcanzando para esta comunidad. El entusiasmo se contagia, porque los proyectos son tangibles lo ven; se ve.

Llegó noviembre no solo con un gran impacto a nivel comunitario, sino que también pudiendo dar respuesta a las 15 familias que presentaban un nivel de emergencia habitacional alto. Más de 70 voluntarios y voluntarias junto a vecinos y vecinas participaron de dos jornadas de encuentro, que se tangibilizó en 15 viviendas de emergencia.

Para Sonia no existe mayor recompensa que el compromiso de sus vecinos y vecinas, “me siento bien, me siento contenta cuando mis vecinos vienen a la mesa”. El 2019 los espera con nuevos proyectos, y con la misma convicción de que trabajando con objetivos y compromiso pueden alcanzar una comunidad integrada y un mejor espacio para vivir.