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En la actualidad, el tema que convoca a nivel global es el cambio climático. Lo interesante es que no sólo es una expresión de la burbuja de las redes sociales, es una manifestación en las calles, un grito de desesperación ante la destrucción descontrolada del planeta. Es una buena noticia el diálogo que se viene generando sobre la emergencia climática. La mala noticia es conocer y comprender los efectos de la crisis ambiental en la población, porque no es un tema proyectado del mañana, es actual, real y devastador: Contaminación extrema en las ciudades de América Latina, incendios sobre millones de hectáreas milenarias, colapso vial, sequías e inundaciones, es una muestra de la insostenibilidad de la vida en las ciudades. Todos y todas somos responsables de esto.

« (…) los asentamientos populares son la principal expresión de la desigualdad urbana y la búsqueda de ciudad por sus habitantes. »

Las ciudades de América Latina se encuentran sometidas a dinámicas que son contradictorias. Por un lado, la valorización de la ciudad densificada de rascacielos y alta tecnología, perspectiva que coexiste con otra cara del territorio que presenta una ciudad fragmentada, en donde los asentamientos populares son la principal expresión de la desigualdad urbana y la búsqueda de ciudad por sus habitantes. A nivel regional, los principales centros urbanos distan de ser aquellos lugares de promoción de oportunidades, justicia e igualdad, con más de 100 millones de personas en asentamientos populares viviendo los efectos más fuertes de la crisis climática, en donde conseguir agua es un desafío, que sea potable a veces un imposible, ausencia de alcantarillado y en suelos de riesgo ante cualquier desastre, en una región en donde los desastres naturales son recurrentes, como también aquellos desastres sociales que nos atrofian: desigualdad, desconfianza y violencia.

« (…) con más de 100 millones de personas en asentamientos populares viviendo los efectos más fuertes de la crisis climática (…) »

¿Cuál es el desafío por delante? Como ciudadanos y ciudadanas, como sociedad en general, el camino es seguir potenciando el mensaje de la JUSTICIA CLIMÁTICA. Para esto se requieren propuestas que se puedan traducir en programas y políticas públicas ante la situación de emergencia socioambiental. Aquella búsqueda colectiva debe estar bajo el alero de la justicia climática, para que sea un componente esencial en una gobernanza democrática efectiva, con una mezcla de ética social y ambiental, con participación ciudadana, presencia clave de gobiernos locales y nacionales, privados, sociedad civil, academia, entre otros. Nuevamente, todos y todas somos responsables.

(…) se requieren propuestas que se puedan traducir en programas y políticas públicas ante la situación de emergencia socioambiental.

Una ciudad sólo podrá ser sostenible si promueve la justicia climática, lo que tiene que ser observable en la cobertura de servicios básicos disponible para la población en situación de pobreza, pedagogía y programas ambientales en las escuelas, iniciativas de prevención y reducción del riesgo a desastres, planificación urbana con perspectiva de largo plazo; por nombras algunas prioritarias. Estas acciones tienen que ser consistentes y coherentes, la crisis socioambiental no se puede invisibilizar con los efectos trágicos que tiene para nuestra generación y las que vienen.

« Una ciudad sólo podrá ser sostenible si promueve la justicia climática (…) »

Nos estamos jugando el futuro de las ciudades, del planeta en general. Hemos mercantilizado la vida, quienes no pueden pagar son privadas de sus derechos fundamentales, siendo el blanco ideal para los efectos nocivos de la destrucción del medioambiente. Es urgente y el punto de partida reconocer el problema, para así construir las acciones vinculantes que nos comprometan en nuestras comunidades, ciudades y países. Esto nos reta a reconocer y desear la justicia climática. Como ya les comenté, todas y todos somos responsables. Es urgente, es hoy.

Juan Pablo Duhalde
Director General TECHO Internacional