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A mediados de agosto de este año recibí una llamada de los jefes de trabajo de la construcción de octubre del 2019, me ofrecían la oportunidad de ser jefe de escuela para dicha actividad.

Ser jefe de escuela en una construcción no es tarea fácil, implica sacrificar muchas cosas y aceptar varias tareas hasta el día de la construcción. Yo dí mi si al igual que otras 9 increíbles personas.
Entre esas 9 maravillosas almas había una compañera para mí, lista para encarar el desafío de construir 10 viviendas de emergencia en el Barrio Santa Ana de Villa Madrid de la ciudad de Limpio.
La aventura empezaba y a medida que nos conocíamos, también conocimos al barrio, con su terreno hostil y su gente maravillosa, guerreros del día a día, soportando las condiciones extremas de aquel lugar sin sombra, con el suelo minado de piedras de todas las formas y tamaños. Aun así ellos estaban ahí todos los días y cada fin de semana nos esperaban con los brazos abiertos, emocionados por la aventura que les esperaba el 12 y 13 de octubre.
Pasaron cosas en el proceso, cosas geniales como juntar un staff increíble y un equipo con mucha entrega, con mucha motivación y compromiso que nos inspiró y fortaleció para seguir con más fuerza. Así también, se presentaron desafíos que pudimos superar con esfuerzo y todo apoyo del equipo y los jefes de trabajo hasta que por fín llegó el día de la construcción.

Viernes 11 de octubre 23.00h y 90 valientes en una misma escuela, con mucho miedo pero con la convicción aun mayor, listos para enfrentarnos a un desafío enorme.

La mañana del sábado 12 empezamos y en todo el barrio se escuchaba el sonido de las barretas de hierro chocando contra las piedras, cada una de ellas un obstáculo que superar para llegar a la meta, durante horas y horas luchando contra miles de esas piedras, con mucha incertidumbre y con más dolor en las manos, quemados por el sol que no perdonaba, sin nubes y sin recibir la mínima ventaja de parte de la hostilidad de suelo y cielo que enfrentamos.
Ese día fuimos superados por las condiciones, volvimos cansados, nos sentimos casi derrotados pero sabíamos que podíamos dar mucho más, no nos íbamos a rendir. Nos quedaba un día para dar revancha y esa era una oportunidad que tomaríamos sin dudar. 
Esa noche nos conocimos mejor como grupo y compartimos en escuela, jugamos, cantamos, comimos rico, hablamos, nos comprometimos y nos fuimos a descansar…

El domingo 13 volvimos al barrio, seguíamos cansados, aún nos dolían las manos, todavía quedaba mucho por hacer, pero el espíritu estaba renovado, nos sentimos inspirados: por nuestros compañeros, por nuestros valores, por nuestros sueños de un país más justo y principalmente por las familias que nos esperaban, siempre con la sonrisa enfrente, siempre con los brazo abiertos y con la esperanza de que si podíamos lograrlo.

Puro optimismo, puro coraje, pura valentía y con el panorama más definido: ¡Solo nos quedaba un día!

El mismo ruido de hierro contra piedras, por horas y horas, pero esta vez el terreno cedía, ya se notaba la diferencia, ya veíamos la meta con más claridad.
Después del mediodía pudimos vencer a las piedras y colocar todos los cimientos de las viviendas. 150 pilotes de karanda’y que serían las nuevas bases de 10 hogares de Santa Ana, ya estaban listos pero aún quedaba bastante por hacer.

Quedaba levantar las paredes y los techos de las viviendas, dejamos a las piedras de lado y el tiempo se volvió nuestro principal enemigo. El sol no dió tregua hasta que desapareció en el horizonte y todo se puso oscuro pero seguían brillando nuestros sueños en cada linterna de los celulares que nos ayudaron a poner los últimos clavos.
Ya después de las 22h se puso la última chapa en la última vivienda, solo quedaba inaugurarla. La casa de Carmen estuvo lista y la inauguramos con la cuadrilla.

Nos subimos al bus y volvimos al lugar de donde salimos y luego cada uno volvió a su casa a descansar para encarar otra semana en el trabajo, en la facu o en lo que tenga que hacer cada uno, de vuelta al día a día.

Volvimos si, pero no como nos fuimos, dejamos muchas cosas en el barrio, dejamos garra, dejamos sudor y muchas lágrimas, dejamos un pedazo de corazón en cada hogar que construimos pero también trajimos mucho, muchos recuerdos, muchos valores inspirados en las familias y en el espíritu del voluntariado, trajimos mucho amor y la satisfacción de haber logrado una hazaña histórica, de haber superado un desafío enorme.

Trajimos la esperanza de que todo puede ser logrado si se trabaja en equipo pero principalmente si las cosas se hacen con sacrificio y MUCHO AMOR.

#soloparavalientes

– Juli Bas, jefe de escuela #CcOctubre2019