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OCTUBRE URBANO 2020

DESAFÍOS Y PROPUESTAS ANTE UNA CRISIS GLOBAL

Octubre es un mes importante para la reflexión sobre grandes desafíos globales. Se conmemora el DÍA MUNDIAL DEL HÁBITAT (05 oct), DÍA INTERNACIONAL PARA LA ERRADICACIÓN DE LA POBREZA (17 oct) y el DÍA MUNDIAL DE LAS CIUDADES (31 oct). En América Latina, la región más urbanizada y desigual del mundo, donde 104 millones de personas viven en asentamientos populares, existen grandes e históricos desafíos ante el contexto del mes urbano. Una región en donde 1 de cada 4 habitan zonas urbanas, viviendo en un tugurio, villa, favela o campamento en situación de pobreza.

Tres conversaciones fundamentales que deben posicionarse en la agenda pública y política de la región, reconociendo los enormes retos que enfrentamos por la dignidad y bienestar de las familias habitantes de estos territorios vulnerables.

Octubre Urbano es un momento clave para referenciar el rol de los liderazgos comunitarios, las juventudes y la colaboración con gobiernos locales para transitar rutas que nos permitan avanzar hacia un futuro justo, igualitario y libre de pobreza.

Considerando también que la emergencia causada por el COVID-19, evidencia y exacerba problemas estructurales que existen desde hace décadas en América Latina, una región de riqueza humana, pero con profundas desigualdades que se reproducen y adaptan ante las contingencias.

¹80% de la población vive en ciudades, según ONU-Hábitat, 2016.

LOS ASENTAMIENTOS EN AMÉRICA LATINA

A partir de la información recopilada en los estudios realizados en Costa Rica (2013), Nicaragua (2013), Colombia (2015), Argentina (2016), Chile (2016) Guatemala (2016) y Paraguay (2016), TECHO identificó algunos resultados que grafican de forma práctica y concreta, la organización de las comunidades de los asentamientos, y las vulneraciones a sus derechos en América Latina:

  • 3 DE CADA 4 ASENTAMIENTOS (73,3%), no cuenta con conexión a la red de alcantarillado
  • 1 DE CADA 3 ASENTAMIENTOS (36,7%) ,no cuenta con el servicio de electricidad formal y seguro
  • 53,5% DE LOS ASENTAMIENTOS no tiene conexión al servicio de agua potable
  • 3 DE CADA 4 ASENTAMIENTOS (76%) cuenta con al menos una forma de organización comunitaria para enfrentar sus dificultades
  • 3 DE CADA 4 ASENTAMIENTOS no cuenta con la tenencia regular del terreno
  • 1 DE CADA 5 ASENTAMIENTOS afirmó tener posibilidades de sufrir un desalojo debido a comunicaciones recibidas

*Resultados obtenidos a partir de una base de datos de 651 casos, mediante un muestreo aleatorio estratificado de 93 asentamientos por cada país.

LA PANDEMIA DE LAS PANDEMIAS

La realidad actual es crítica, lo era antes del COVID-19 y lo es con más intensidad con los efectos devastadores del virus. La pandemia ha golpeado día a día a la población que no puede quedarse en casa, porque la vivienda no tiene las condiciones para ser un refugio de cuarentena, también dónde el hacinamiento es un impedimento para la distancia física establecida. La simpleza de un lavado de manos se hace imposible cuando no se tiene acceso al servicio. 

Un estudio cuantitativo realizado por TECHO (El COVID-19 en los Asentamientos Populares) en el que se realizaron mil doscientas dos encuestas a vecinos y vecinas de 360 asentamientos populares de 9 países de América Latina y El Caribe, se pueden visualizar los grandes desafíos a los que se enfrentan las familias que habitan territorios vulnerables de la región, no solo ante la pandemia sino ante una realidad injusta y estructural que es histórica.

La emergencia causada por el COVID -19 define una serie de condiciones físicas y materiales para prevenir y combatir el contagio:

  • Mantenga al menos 1 metro de distancia entre personas
  • Lávese las manos regularmente con agua y jabón.
  • Practique el distanciamiento físico evitando viajes innecesarios y alejándose de grandes grupos de personas. 

Con base en dichas referencias, se indagó en las condiciones de los asentamiento para cumplir los requerimientos mínimos de sanitización:

El 51,5% de las personas encuestadas refirieron “falta de agua potable”, 43,4% indicaron “problemas de desagüe”, 36,9% señaló falta de iluminación pública.

La dimensión vinculada al hábitat y habitabilidad, aborda como la condición de las viviendas hace más difícil afrontar el coronavirus. 

El 31,4%, sin dudarlo, dijo que “totalmente”, 24,8% dijo: “mucho/bastante”. Más de la mitad (56,2%) de los consultados, considera que la situación de su casa incrementa la vulnerabilidad ante el contagio. 

Profundizando aún más en las condiciones de la vivienda, las personas encuestadas aseguran que una de las situaciones que más ha dificultado el afrontamiento del COVID-19 es: 

La presencia de “muchas personas viviendo en cada vivienda” (43,2%), viviendas de espacios reducidos” (40,6%), “materiales de la vivienda”  (31,9%).  

La vivienda ha sido considerada uno de los principales bastiones en la defensa contra el coronavirus, tanto por lo que representa en términos objetivos para la salud física y garantizar el cumplimiento de las medidas de distanciamiento, como simbólicamente sobre la percepción de seguridad.

Sin embargo, en América Latina, más de 185 millones de personas se encuentran en situación de pobreza y 104 millones de ellas, viven en asentamientos populares. Estos territorios, se caracterizan por la ausencia de viviendas saludables y falta de servicios básicos, además de acceso limitado e incluso inexistente a sistemas de salud preventivos y de emergencia. Miedo, estrés y preocupación, son algunas de las emociones que describen el sentir de vecinas y vecinos, sobre la situación en la que se encuentra su comunidad ante el COVID-19. 

LA ORGANIZACIÓN COMUNITARIA COMO MOTOR DE RESPUESTA ANTE LA PANDEMIA 

«Entre vecinos tratamos de ayudarnos y que no falte el pan de cada día. Yo como miembro de la comunidad  trato de buscar pequeñas ayudas para brindar a la comunidad ya que todos somos de escasos recursos .Prácticamente nadie luego sale de su vivienda porque no tienen motivos, ya que sin empleo nos quedamos la mayoría».

Dionisio Samaniego Rotela, líder del asentamiento Santa Ana, Paraguay

La crisis del coronavirus vino a recrudecer y exacerbar una situación de vulneración que ya existía en los asentamientos populares de América Latina. La organización comunitaria ha sido el principal mecanismo de afrontamiento de las personas que habitan los asentamientos populares, mecanismo que venía siendo empleado desde antes de la llegada del coronavirus. 

Se reconoce la inminente necesidad de mejorar las condiciones de hábitat y habitabilidad y la generación de diálogos efectivos y vinculantes que formalice los espacios público-territoriales, donde líderes y lideresas comunitarias, sean parte activa de las decisiones gubernamentales sobre la transformación de sus territorios.

En el Informe sobre el estado del voluntariado en el mundo 2018, publicado por ONU Voluntarios (2018), la solidaridad y ayuda mutua aparecen de forma reiterativa entre los principales hallazgos. Los liderazgos comunitarios, están contribuyendo a que sus comunidades hagan frente a las tensiones propias de la vulneración de sus derechos, y a su vez, a responder espontáneamente ante situaciones críticas.

Cabe resaltar, que son las mujeres quienes en su mayoría,  están liderando la organización de las ollas populares, la difusión de información, recolección de víveres y estableciendo contacto con potenciales redes, que lleven apoyo para satisfacer demandas de primera necesidad. 

Pero el trabajo no acaba acá, por la precaria situación que caracteriza a las viviendas en los asentamientos populares, es necesario realizar esfuerzos extraordinarios, para intentar resguardar a los grupos de riesgo y evitar que se contagien. Así mismo, la desigualdad en el acceso a agua de consumo humano, agudiza el problema.

El informe, La pandemia del COVID-19 profundiza la crisis de los cuidados en América Latina y el Caribe (2020), indica que el 13,5% de los hogares de la región no tienen acceso a fuentes de agua mejoradas, lo cual añade, más horas al trabajo de los cuidados no remunerados.  

La vida post-pandemia tiene que considerar sin excepción alguna, la modificación de los patrones de comportamiento y relación, que han perpetuado la desigualdad. Así como la sociedad ha entrado en procesos de reinvención para adaptarse a estas nuevas formas de vida durante la pandemia, es urgente pensar el día después de, como un escenario que también demanda nuestra adaptación y mejora continua para la supervivencia.

Pero para que ello suceda, es necesario reconocer donde estamos parados hoy, para que la recuperación inicie más allá del punto de partida, generando diálogos efectivos y vinculantes que formalicen los espacios de participación público-territoriales, donde líderes y lideresas comunitarias sean parte activa de las decisiones gubernamentales sobre la transformación de sus territorios.

LA JUVENTUDES Y SU ROL EN LA TRANSFORMACIÓN TERRITORIAL

A pesar de las cifras alarmantes, las ciudades también han sido escenarios del encuentro cultural, político y social, promoviendo procesos de reconocimiento y participación, construcciones sociales a partir de la apropiación que hacen de sus territorios, lugares y espacialidad por las que transitan y habitan. 

Fruto de la investigación Ciudades X Jóvenes, que en el año 2018 condujo TECHO en alianza con el Consejo Latinoamericano de Ciencias Sociales –CLACSO–, Fundación Centro Internacional de Educación y Desarrollo Humano –CINDE, además de los aportes realizados por Innovation for Change – Counterpart.

Este libro es la convergencia de los esfuerzos de múltiples sectores para ubicar a los jóvenes como actores transformadores de los procesos urbanos y de los tratados que surgen para su mejora, fundamentalmente la Nueva Agenda Urbana y la Agenda 2030.

RESPUESTA Y RECUPERACIÓN ANTE LA CRISIS

Son muchos los retos que la coyuntura pone sobre la mesa para América Latina. La pandemia descubrió las grandes deudas que nuestros países tienen con más de 180 millones de personas que viven en situación de pobreza.

Familias que habitan asentamientos populares, territorios altamente vulnerables a las emergencias climáticas o sociales. Deudas históricas que aumentarán el tiempo en el que se podrá saldar con justicia la situación en la que millones de familias viven a diario. Se proyecta que serán más de 25 millones de personas las que pasarán a vivir en condiciones de pobreza debido a la pandemia, retroceso inminente que no puede sino fortalecer los compromisos por un futuro digno y justo para todos y todas. 

Es de vital importancia establecer las propuestas y acciones que deben de realizarse de manera integral, colaborativa y participativa para disminuir esta brecha: 

  • Conocer y comprender los grupos que son prioritarios de atención para un trabajo informado y participativo. 

  • La colaboración de la ciudadanía, gobiernos locales, instituciones públicas y sociedad civil para integrar aportes, lecciones e iniciativas que permitan priorizar a la población que hoy vive la embestida del virus.

  • Autoridad política de Estado que ponga en el centro a las personas, desde el conocimiento profundo del territorio, promoviendo el derecho a la salud, educación, vivienda y servicios básicos. Un Estado que promueva la función social de las políticas públicas de emergencia y largo plazo.

  • Participación ciudadana para vincular lo económico, lo político y lo social desde una toma de decisiones que potencia la gobernanza democrática de un país, municipio o comunidad. 

Nuestras acciones ante la pandemia buscan recaudar fondos que contribuyan a disminuir la vulnerabilidad de las familias que habitan en asentamientos frente a la crisis del COVID-19.

Hemos llegado a 481,551 personas en toda América Latina y El Caribe. Llegando a 3,817 personas por día con kits de apoyo ante la pandemia.