• INTERNACIONAL
  • ARGENTINA
  • BRASIL
  • BOLIVIA
  • CHILE
  • COLOMBIA
  • COSTA RICA
  • ECUADOR
  • EL SALVADOR
  • ESTADOS UNIDOS
  • GUATEMALA
  • HAITI
  • HONDURAS
  • MEXICO
  • PANAMÁ
  • PARAGUAY
  • PERU
  • R. DOMINICANA
  • URUGUAY
  • VENEZUELA

Tomamos decisiones todos los días, pero existen algunas que cambian nuestra vida por completo.Algunas de las decisiones que tomamos diariamente pueden parecer poco importantes,
pero poco a poco van dándole a existencia un giro de 360 grados; hacer voluntariado es una de ellas. Así te lo cuentan estos 5 jóvenes, que jamás imaginaron lo mucho que cambiarían
tras tomar esta decisión.

 

1. Juan Manuel Ramírez

Llegué a TECHO en agosto de 2013. Fui invitado a la Colecta (evento de recaudación de fondos) de ese año con la promesa de que “sería divertido” y sin duda lo fue; estar gritando
en la calle con pelucas y disfraces chistosos era algo que nunca había hecho, pero aún no tenía un contexto claro de porqué lo hacía.

Fueron meses después que tuve la oportunidad de participar en una construcción de viviendas de emergencia en asentamientos irregulares y fue ahí que, como a muchos, me llegó el
baldazo de agua fría. El momento en que conocí cómo es la situación en que viven millones de personas en México y Latinoamérica, y el despertar de una convicción que tenía dormida
y de ahí en adelante ha sido una historia de aprendizajes y retos de todo tipo.

El voluntariado da un montón, desde trabajar en conjunto con los líderes comunitarios, aprender de ellos y viceversa, hasta acercarme a otras realidades que están ahí y que la mayoría
ignora. Decidí no ignorarlas y hacer mi aporte para combatir ese gigantesco monstruo que representan la pobreza y desigualdad.

Agradezco a todas las personas que han confiado en mí, quienes se han vuelto parte mi familia. Vibramos en la misma frecuencia y juntos somos esos granitos de arena que de a poco
logran construir grandes cosas.

 

2. Elián Delgado

 

Tengo 18 años y comencé a hacer voluntariado desde marzo del 2016. Todo comenzó cuando decidí ser parte del grupo estudiantil en mi prepa, no sabía ni qué era, ni qué hacían,
pero quise entrar.

Decidí quedarme cuando me di cuenta de que existían asentamientos humanos a 12 minutos de mi casa y que ahora existía la posibilidad de hacer algo al respecto. Lo que más me
gusta del voluntariado es conocer y trabajar junto a personas; escuchar las historias de los vecinos y de los voluntarios.

El voluntariado me ha encaminado a conocer muchas personas que hoy considero familia. He aprendido que existe una desigualdad muy grande, sin embargo, podemos hacer cosas
desde nuestra trinchera y cambiar la dirección de las cosas.

El voluntariado deja cosas plasmadas en ti de por vida, es una oportunidad verdadera de conocer la realidad de los asentamientos y hacer algo al respecto.

 

3. Valentina Soto


La idea de hacer voluntariado comenzó cuando supe del plan de educación de TECHO en asentamientos irregulares. Aún no sabía bien de qué se trataba y por eso tampoco me decidía
a dar el paso. Poco tiempo después fui a una construcción de viviendas de emergencia a la que me invitó mi hermano y me impactó mucho la realidad de nuestro país y que siempre
hubiera estado tan cerca de mí y no la haya visto. Al darme cuenta de esto, supe que tenía que seguir ahí y aportar algo para generar el cambio que necesitamos. Además, me gustó
mucho el ambiente que hay entre los y las voluntarias de la organización.

Después me sumé al equipo que organiza las asambleas comunitarias (espacios de trabajo en conjunto con la comunidad) y estuve ahí aproximadamente dos años y medio.
Me gustan mucho todos los proyectos de la organización, pero lo que más me gusta es ir cada domingo a comunidad, pues lo percibo como un espacio para aprender  y compartir,
en donde, además, hemos generado un vínculo muy especial entre voluntarios/as y vecinos/as.

Sin duda,  para mí hay un antes y un después desde que comencé a ser voluntaria; siento que he crecido mucho a nivel personal y creo que muchos, cuando empezamos algún
voluntariado creemos que vamos a aportar  y, aunque sí es así, muchas veces no estamos conscientes de todo lo que vamos a recibir también. He recibido mucho cariño, experiencia
y aprendizajes de diferentes tipos, pero creo que hay dos cosas que resaltan: la primera es la resiliencia, tanto de los vecinos como de los y las voluntarias; esa capacidad de salir
adelante y de adaptarse pese a todo, y la segunda es que “es más lo que nos une que lo que nos separa”.

Recomiendo mucho ser parte de TECHO, creo que es un muy buen espacio para aprender y para construir una sociedad más justa y sin pobreza.

 

4. Sebastián Toriz 

Empecé a hacer voluntariado en TECHO desde el 2016 porque en mi preparatoria estaba haciendo un certificado en el cual me pedían hacer un servicio social de 18 meses; al principio
lo hacía para cubrir mi servicio social, pero me quede por razones importantes como ir a las comunidades y conocer personas que viven en condiciones muy distintas a las que yo vivía;
conocer esta realidad me pareció algo muy raro porque yo pensaba que todas las realidades eran muy similares.

Dejé mi servicio social de la escuela tratando de sacar mis horas de servicio social desde otras actividades para dedicarme como voluntario de TECHO, ya que tuve la suerte de participar
en varios proyectos de educación, asambleas en diferentes comunidades y me pareció algo asombroso porque no sólo se busca colaborar con la comunidad a partir de la construcción de
viviendas temporales en asentamientos; también se trabaja por la unión entre comunidades para que, a través de la participación y el trabajo, expandir las oportunidades de laborales y de
desarrollo para construir un patrimonio; eso fue lo que más me gustó y la principal razón para que me quedara. Queremos un mundo, no sólo un México, lleno de justicia e igualdad.

Lo que más me gusta de ser voluntario es convivir con las familias de las diferentes comunidades, me llena que los vecinos siempre transmiten alegría a los voluntarios y voluntarias, y cada
vez aprendo más de ellos; me enseñan cosas como cultivo de plantas, lenguas indígenas y cocinar.

Hasta el día de hoy puedo decir que lo principal que he aprendido en TECHO es a trabajar con más personas que hoy reconozco como familia, y también, a no tenerle miedo al cambio
escuchando todas las ideas.

Una recomendación a las futuras personas que duden en unirse al voluntariado sería que  lo intenten una vez, que digan: este fin no saldré de fiesta, este fin no iré al cine, este fin no iré con
los amigos, ese único día que vayan y conozcan, sabrán que su esfuerzo tuvo un impacto en la vida de otras personas.

 

5. Karen López

El sentimiento de inconformidad hacia la desigualdad social, el daño ambiental, las injusticias y muchas otras razones, generan una necesidad de generar un cambio, de que las cosas sean
diferentes, de que el mundo sea un mejor lugar para todos y todas. Eso es lo que me motivó a hacer voluntariado.

Desde el primer momento que comencé a ser voluntaria, decidí ser parte de esta forma de vida; conocer historias y formar parte de ellas, de alterar una historia y de la misma forma alterar la mía.

He hecho del voluntariado mi forma de vida para poder, dia con dia, ser esa chispa que busca generar cambio y poder esparcirla; ya sea buscando terminar con la injusticia, la desigualdad social,
el daño medioambiental o con cualquier actividad que signifique un impacto en la vida de alguien más.

Siendo voluntario o voluntaria se aprende a ver más allá de lo que se muestra, se conoce la realidad de las cosas, también se genera empatía hacia combatir las injusticias que, automáticamente
pasan a ser nuestras también.

Ser voluntario no es cambiar la vida de los demás, es transformar la nuestra mientras aportamos a otras.

Fotografías por: Stephanie Valenzuela y Rodrigo Aldana