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En el marco de la VII Conferencia Latinoamericana y Caribeña de Ciencias Sociales (CLACSO), realizado entre el 9 y 13 de noviembre en la Plaza Mayor de la ciudad de Medellín, Colombia, se efectuaron 30 conferencias magistrales y 260 paneles, en los que se discutieron sobre diversos temas como educación, políticas de juventud, modelos de desarrollo, procesos políticos, pobreza, migración, género, entre otras problemáticas de la región latinoamericana. El evento, considerado como el más importante en las Ciencias Sociales, contó con un récord de asistencia de 33 mil personas.

La séptima entrega de este evento tuvo como eje central de discusión las transformaciones democráticas, la justicia social y los procesos de paz. En el evento, TECHO integró el  panel sobre “Producción Social del Hábitat como Proceso de Transformación Urbana” a través de la participación de Luis Bonilla, director operativo de TECHO Latinoamérica.   Participaron también Alejandro Florián, director Nacional de Hábitat para la Humanidad en Colombia, María Cristina Cravino, directora de la Maestría en Estudios Urbanos de ICO-UNGS en Argentina y Cecilia Inés Moreno, representante del Habitat International Coalition (HIC).

En el panel se debatió sobre la relación de complementariedad u oposición entre la producción social del hábitat y la intervención del Estado. Asimismo, se colocó en discusión el camino que siguen las ciudades, al tomar en consideración que se está camino a Hábitat III, la conferencia de Naciones Unidas en la que se definirá la Nueva Agenda Urbana Mundial.

El Estado y la producción social del hábitat

Latinoamérica es considerada la región más desigual del mundo, donde 80% de la población se encuentra en áreas urbanas. Consecuencia de diferentes fenómenos sociales ocurridos en las últimas décadas, más de 113 millones de personas viven en asentamientos informales, lo que lo convierte en un problema público que el Estado y el mercado no han podido resolver.

Frente a esta realidad, la producción social del hábitat, como construcción y transformación de espacios por parte de ciudadanos, es una realidad extendida. Según HIC, en los países del Sur, entre un 50 y un 75% de las viviendas en particular y del hábitat en general son construidos al margen del mercado y sin apoyo del Estado.

“En general estamos hablando de producción de subsistencia. Pero que dejan grandes lecciones que pueden ser útiles para incorporarlas en la forma en que concebimos la transformación de nuestras ciudades. En TECHO somos testigos de esto en las más de 600 comunidades de las 65 ciudades donde trabajamos. Especialmente en el trabajo con los líderes comunitarios”, indicó Bonilla al respecto.

Para Cravino, “”la producción social del hábitat es darle visibilidad a la ciudad que está por fuera del mercado y el Estado””. De esta manera, la producción social del hábitat como concepto es lo suficientemente amplio para enmarcar procesos muy variados de producción de la vivienda y tiene un potencial político importante, ya que presenta diversas acciones aisladas, de emergencia o subsistencia que muestran una población convertida en agentes de cambio con necesidad de fortalecerse y ser más potentes para una verdadera transformación urbana.””Hay que entender que el territorio somos nosotros””, concluyó Moreno.

En este sentido, Bonilla agregó que “visto de esta manera, es fundamental que el Estado busque promover la producción social del hábitat en el diseño de las políticas públicas. Para esto, considero que se deben promover cambios importantes a nivel general del modelo político y en particular de las políticas de hábitat”. Articulación que Florián destacó como “”una obligación del Estado””.

¿Hacia dónde van las ciudades?

En octubre del 2016 se desarrollará la Conferencia de las Naciones Unidas Hábitat III, sobre vivienda y desarrollo urbano sostenible, en la que después de 20 años se propondrá una Nueva Agenda Urbana para Latinoamérica y el mundo. El rol de la sociedad civil, el Estado y el mercado son necesarios para la producción del hábitat.

Entre las ideas comentadas en el panel, podemos resaltar el hecho que son diversas las organizaciones que dejan claro, mediante cifras y proyectos, que hace falta un cambio en la forma en la que se están construyendo las ciudades y que no se pueden mantener sociedades segregadas y desiguales. “”La representación y la participación siempre mejoran la construcción, la vivienda, la relación en el barrio””, acotó Cravino.

La definición de una nueva agenda urbana mundial es una posibilidad de pensar en un futuro diferente. Que parte por reivindicar el derecho de los ciudadanos de construir y transformar nuestro territorio y de promover los enfoques de derechos, sustentabilidad e igualdad para la búsqueda del bien común” añadió Bonilla.

Conclusiones finales

  • El déficit estructural de la gestión urbana es parte de un modelo de mercado que ha llevado a millones de ciudadanos a la búsqueda de soluciones propias.
  • La producción social del hábitat tiene un enorme potencial pedagógico y simbólico que lleva a pensar en un futuro basado en el bien común.
  • La construcción de un nuevo paradigma sobre el derecho a la ciudad enfrenta el gran desafío de la ampliación de diversas experiencias que han sido reconocidas como positivas.
  • Para un proceso de cambio es fundamental la incidencia en las políticas públicas y su articulación con las demandas y acciones ciudadanas que fomenten una participación democráticas en la región.