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Apenas entró a la universidad, a la escuela de negocios, una chica lo invitó. Sin mayor interés que cumplir con sus 480 horas obligatorias, Luis Ortiz llegó a las primeras construcciones masivas de TECHO en México, en 2007. “No era una persona con mucha conciencia antes de entrar. Siempre supe que mi vida iba a girar en los negocio, pero cuando empecé a ser voluntario permanente para cumplir horas, mi perspectiva fue cambiando y creció mi pasión por algo que hoy define mi vida”, recuerda hoy, como CEO de Idea.me.

Su trabajo actual es una plataforma colaborativa que reúne iniciativas culturales, sociales y cualquier tipo de buena idea que pueda tener impacto. Ahí, quien quiera aportar, puede hacerlo y así apoyar para que los proyectos se hagan realidad.

Su primer trabajo fue como voluntario fijo en el área de desarrollo de fondos. Ahí, la pasión pudo más que la técnica, pues no sobrepasaba los 20 años cuando recibió USD$100.000 de parte de una empresa noruega, para trabajar en la reconstrucción de la zona de Tabasco tras una inundación. Luis recuerda cuánto celebraron con su equipo, sin entender cómo dejaban en sus manos semejantes sumas de dinero.

¿Qué aprendiste de las familias con las que trabajaste? ¿Recuerdas a alguna en particular?
— Me acuerdo mucho de la primera familia con la que construí, en la comunidad El Hielo, en ciudad de México. Me acuerdo mucho de un niño que se llama Justin, que era súper movido y súper activo. Siempre lo que más me marcó fueron los niños. También de una niña que se llama Flor, que vive una comuna muy cerquita, la conocí en HS, tenía 4 años y tenemos una gran relación (foto arriba).

De cuando trabajó coordinando los proyectos de Habilitación Social en un asentamiento en Ciudad de México, Luis recuerda en especial a una de las pobladoras que se llamaba Lorena. Al principio, cuenta, ella se mantenía en silencio, expresaba su opinión en contadas ocasiones. Luego supo que Lorena se había convertido en una de las líderes comunitarias. “Ver cómo ella se convirtió en dirigente me impactó sobre cómo se puede generar ese impacto en el trabajo con TECHO”, relató.

Pasajes de ida a USA

Depsués de formar parte del equipo de TECHO- México, Luis Ortiz –Yoyo– asumió un nuevo desafío, pero esta vez solo: abrir la oficina del estado de California, Estados Unidos y llevar la tarea de superar la pobreza en el continente un paso más allá. Llegó hasta allá con un par de contactos amarrados y la tarea de generar redes para asentar al equipo que hoy se encuentra repartido entre Miami y Nueva York.

“Fue una experiencia muy contrastante, porque por un lado fue muy pesada, pero también muy formadora. Estuve 9 meses durmiendo en sofás y salas de distinta gente. Me inscribí en un gimnasio para bañarme, pero por las noches me iba a dormir tranquilo, porque sabía que mi trabajo tenía impacto directo en las familias con las que trabajábamos. Siempre digo que lo que más voy a extrañar es el sentido que tiene el trabajo que haces todos los días”, comenta hoy, desde su nuevo trabajo, que promuve iniciativas tan distitnas como documentales, escribir un libro, instalar refrigeradores de agua potable en el desierto y crear una empresa de calzado reciclable.

¿Cuál es el máximo aprendizaje adquirido en TECHO que hoy se ve reflejado en tu ámbito laboral y personal?
— La capacidad de enfrentar y resolver problemas. Trabajar en un ambiente caótico y aprender a priorizar, ejecutar y entregar resultados.

Hoy, pone en su trabajo los dos focos que lo han acompañado en su proceso: generar utilidades, pero además generar impacto social positivo, a través del uso responsable de los recursos o del involucramiento con problemáticas sociales.

¿Qué espacio pueden tener iniciativas sociales en plataformas como Idea.me? ¿Cómo evalúas la participación hasta ahora?
— Creo profundamente que es el futuro, en la medida en que las organizaciones sociales tengan la capacidad de adaptarse a los cambios de la sociedad es que podrán aprovechar sus beneficios. El espacio que pueden tener es un espacio prioritario y protagonista, especialmente con una empresa con un auténtico corte social como Idea.me.

Dentro de su aprendizaje, Luis destaca que en TECHO aprendió a ver cómo las empresas podían convivir con el desarrollo e influir directamente si así lo proponían. Cuenta que hace unos días los líderes de un proyecto le mandaron un mail al gerente de Idea.me en México, para agradecer la compra del bus que necesitaban para recorrer distintas comunidades impartiendo actividades culturales. “Ese tipo de detalles no están directamente relacionado a la superación d la pobreza, pero eso me permite estar feliz. Si no, no estaría completo. Yo creo que hoy, no podría trabajar en algo que no tuviera impacto social asociado”, remata.