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El primer acercamiento que tuvo Claudio a Techo fue el año 2006, cuando fue Presidente de la Federación de Estudiantes de la Universidad Católica (FEUC), lugar en el que creó el proyecto “”Al otro lado del pizarrón””, idea que buscaba organizar cursos universitarios en sedes de diferentes campamentos en Chile. Tenían profesores, cuenta, pero les faltaba cómo llegar a estos espacios. “”Hablamos con Felipe Berrios – ex Capellán- y junto con TECHO y la Corporación de Dirigentes y logramos hacer veinte clases en veinte campamentos simultáneamente””, cuenta hoy Claudio desde Londres, donde estudia Políticas Públicas en el London School of Economics.

Fue esta experiencia en campamentos -como se le llama a los asentamientos en Chile- que lo vinculó a la organización como coordinador en el Área de Universidades, lugar en el que estaba a cargo de a afrontar y exigirles a las facultades que asumieran un rol socialmente responsable, acción que se vio reflejada en que el 2007, cuando el proyecto que se iniciara en la UC llegara a hacer 100 cursos por todo Chile.

El ex director social cuenta que a lo largo de su paso por TECHO el trabajo sostenido lo involucró, inevitablemente, con los procesos que se vivían dentro de los campamentos, haciéndolos parte de su vida también. Quiebres de familias, la vulnerabilidad de las familias y la profundidad de las problemáticas que convivían dentro de este espacio son parte de los motivos que también lo marcaron.

“”TECHO opta por el camino difícil, pero indudablemente el camino más sustentable, que es el de generar cambios profundos en las comunidades y en los países””, explicita. Con ese proyecto en marcha, su nuevo desafío fue asumir la dirección social de TECHO Latinoamérica y el Caribe del 2008 a 2010 (en ese momento “”Un Techo para mi País””).

Cuando partió, TECHO estaba viviendo una etapa de expansión, la que le permitió conocer las distintas realidades sociales de la región. Ésta experiencia lo llevó a darse cuenta que el trabajo horizontal era la clave y el motor de la superación de la pobreza.

¿Qué aprendiste en TECHO?
—Que el involucramiento y el trabajo no tienen ningún sentido si es que no son trabajando desde la comunidad, en una condición de igual. Muchas veces no basta con sólo con ir al campamento, hay que comprometerse y experimentar lo que el otro hace. Por otro lado, también aprendí sobre la organización, TECHO es un espacio colectivo donde se comparten ideas y hay una comunidad que colectivamente trabaja por lograrlo.

“”Cuando dos personas se encuentran en el trabajo, con un martillo, un clavo y tienes que levantar un panel clavarlo, te das cuenta que el dueño de casa en dos martillazos clava lo que tú te demoras 17 martillazos y 2 dedos rotos. Solamente en ese momento en la que se encuentran trabajando físicamente, yo he podido percibir la igualdad de la condición humana en dos personas””, relata hoy, refiriéndose a sus distintas experiencias durante la construcción de viviendas de emergencia, uno de los programas que la organización desarrolla dentro de los asentamientos.

La política fuera de las 4 paredes

Como Director de TECHO, Claudio concluyó varias cosas para su futuro. La primera, es el rol que juega la política en la región: “”Ningún país de América Latina va a lograr el desarrollo si es que el resto de los países alrededor no están en el mismo camino””. Si bien no fue lo único, TECHO le confirmó a Claudio que debía moverse a política para poder seguir con el trabajo, que empezó el 2002 en campamentos de la Pincoya: “”TECHO fue consolidando estas intuiciones que tenía antes. Ésta es una institución que hace política, pero que no es partidista. Busca poner temas en la sociedad, denuncia y presiona para que ciertas cosas pasen. Es un compromiso 24/7″”.

Y por último entendió que “”que ninguna política pública es sustentable si es generada entre cuatro paredes, en una oficina. Lo clave del diseño de una política pública es la participación de las familias receptoras de estas””.

¿Cuál crees que es la esencia de TECHO?
—Es la participación en la mesa de trabajo, éste es un espacio tremendamente simbólico. Porque puedes tener los voluntarios comprometidos, los recursos para trabajar en el asentamiento y los planes, pero si no están las familias organizadas y comprometidas con la ejecución de lo que se está haciendo, el programa no funciona.

¿Qué significó TECHO para ti?
—Fue un regalo. Una oportunidad impresionante poder vincularme profundamente con la realidad de Latinoamérica. Me formó un vínculo con el continente. También me sirvió para acercarme a ideales muy profundos vinculados a lo comunitario y son estos ideales que me marcaron para lo que quiero hacer para el resto de mi vida. Espero ser fiel esas cosas que aprendí en TECHO y que me comprometí con muchas familias en mi paso por mi institución.