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Mi vivencia como joven antes y durante la revuelta popular chilena.

Fany Ubeda Lopez

Desde que comencé a ir al campamento Santa teresa me di cuenta de la situación real en la que se encuentra Chile, más bien el mundo, ya que estas problemáticas trascienden banderas, barreras, colores y  continentes. 

Siempre escuchaba sobre “los pobres”, “la clase obrera”, pero nunca había conocido de manera cercana esa realidad, no es lo mismo verlo en primera persona que verlo en la televisión, diarios o revistas, mucho menos no vivirlo .

El trabajar de manera voluntaria en el Santa Teresa, me permitió conocer una parte de Chile que se invisibiliza, margina y denigra; desde la dictadura Chile creció económicamente, pero paradójicamente, los campamentos también.

Toda esta angustiante realidad, provocó en mí el cuestionarme. Sentí y siento pena, frustración, pero principalmente rabia, mucha rabia. No puedo tolerar, menos normalizar, que existan personas marginadas, que sobreviven y no viven.

Los responsables directos de esta situación sería el estado, según la lógica que vivimos en Chile, pero como mencioné anteriormente los campamentos crecen y crecen, “los pobres” son más a medida que pasa el tiempo, y el 1% de la población chilena concentra alrededor del 30% de los ingresos monetarios del país. Frente a eso el estado no hace nada que ataque el problema de raíz, solo propone soluciones parche, las cuales generan más rabia en mi ser. 

Hace 4 años que voluntariamente he trabajado en conjunto a la comunidad del campamento, me gusta compartir con las personas de ahí, aprendo mucho de ellas, pero no me conformo con eso. Yo quiero que los campamentos se terminen, que se acaben las listas de espera en los hospitales, que el dinero no sea sinónimo de dignidad. En resumen, que seamos tratados como personas. Por eso y más razones, es que he estado activamente movilizándome en esta revuelta popular chilena, porque no quiero vivir en un estado en el cual mueran personas en listas de espera, no tengan garantizada el acceso a educación o que se normalicen los femicidios. Soy consciente que muchos jóvenes al igual que yo, no quiere esa realidad para su futuro.

Durante las movilizaciones he visto las diversas personas que asisten, abuelos, abuelas, mujeres, hombres, niñes y animales; todes con diferentes colores, religiones y estilos. 

Me da mucha esperanza cuando veo que somos más y más ,quienes critican este sistema impuesto, en el cual estamos obligads a vivir, en este sistema patriarcal que históricamente ha tenido al limite la participación de las mujeres, y su vida también. El estado decide por sobre mi cuerpo, sobre mi propio cuerpo. Mi lucha es diversa (educación, salud, pensiones, medio ambiente, feminismo). Es constante, es activa pero compleja, más aún, cuando quienes controlan este país, no hacen nada al respecto.

El toque de queda las mujeres lo tenemos desde que nacemos, hasta que morimos, o en  casos mas extremos, pero no ajenos, asesinan.  

A diferencia de los otros años, estos últimos 4 meses me he sentido muy esperanzada. Ver a todo chile luchando contra la desigualdad es importante para mi, y a pesar que mi rabia crece con el pasar de los días, es esa misma rabia  la que me mantiene viva, activa y movilizada.

Para concluir envío mucho newen a todas las personas quienes trabajan por la construcción de una sociedad más justa, libre y digna. Apruebo completamente con ese ideal de que todo sea construido desde y para nosotras. Más newen a todas aquellas personas que han sido violentadas por el estado, sobre todo a las personas de este país, las heridas por perdigones, quienes sufrieron de daño oculares, y a todas quienes no tienen miedo a luchar por sus ideales, esto igual trasciende banderas, colores y continentes. 

Fany Ubeda López | Voluntaria, Chile


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