TECHO
17 julio, 2018

EL CAMINO DEL VOLUNTARIADO

DESDE LA EXPERIENCIA CONCRETA HACIA LA CONSTRUCCIÓN DE CIUDADANÍA

Este 5 de diciembre celebramos un nuevo Día Internacional del Voluntariado, se nos presenta entonces la oportunidad de hacer una pausa y preguntarnos: ¿por qué hacemos voluntariado?, ¿cuál es el rol que le damos en nuestra sociedad?

La mayoría de nosotros se acerca al voluntariado a partir de una experiencia concreta, una experiencia que por sí sola no deja de ser valorable, porque desde el punto cero ya estamos rompiendo con los esquemas de relacionamiento social que hemos construido en nuestra sociedad. Ahí es cuando tantas veces escuchamos ese: “¿No te pagan a vos por hacer esto?”. Pero quedarnos sólo en este primer paso, que mucha veces no significa más que dedicar un poco de nuestro tiempo libre, termina siendo poco significativo si lo que queremos lograr es un cambio social.

Es aquí cuando entra una de las características fundamentales de todo voluntariado comprometido: la capacidad crítica y de reflexión. Con ella esa primera experiencia concreta pasa a ser algo más, comenzamos a profundizar en lo que estamos viviendo, ya no concebimos al voluntariado como una actividad extra, sino como una forma de ir al encuentro con el otro, desde un vínculo horizontal, de igual a igual, “desnudo”. Esta experiencia cobra otro sentido, comenzamos a compartir las dificultades y los anhelos, se genera tierra fértil para la construcción en conjunto, el voluntariado pasa a ser un encuentro que en definitiva nos termina humanizando..

Si seguimos profundizando, probablemente demos un paso más: comenzar a preguntarnos sobre las causas de fondo que hacen que las situaciones de tantas familias con las que trabajamos se perpetúen y no sea tan sencilla la construcción de esa sociedad más justa que tantas veces hemos soñado. Entonces nos encontramos con el rol político y ciudadano que debemos darle al voluntariado, donde tiene que concebirse también como un actor político, entendiendo la importancia de trascender la experiencia concreta para lograr los cambios estructurales. Surge el deber de participar individualmente de forma activa en la vida política y colectivamente promoviendo otra voz, la de un montón de jóvenes y personas que quizás no han encontrado su lugar en las formas tradicionales de participación ciudadana y hoy se sienten identificados con espacios de voluntariado y colectivos desde donde también pueden ejercer su ciudadanía. A través de la sociedad civil organizada tenemos que abrirnos un espacio y desarrollar nuestra participación activa en política, proponiendo nuevas políticas, ejecutando o evaluando las que surgen del Estado y la sociedad.

El camino del voluntariado pues, tiene que estar acompañado por la capacidad crítica y de reflexión, para lograr trascender la experiencia concreta, profundizar en los vínculos humanos y encontrarle el sentido político. Quien se anime avanzar un poco más no debería sorprenderse si pronto se encuentra con que la opción por el voluntariado le ha implicado integrar sus decisiones y su vida con todas aquellas experiencias, reflexiones, aprendizajes y personas que han pasado por el camino.

 

 
Juan Pedro Ravela
Director de Formación y Voluntariado
TECHO Uruguay

 

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