TECHO
17 julio, 2018

De vecino a vecino

17 de octubre
Día Internacional para la Erradicación de la Pobreza

 

Pelusa junto con vecinos de otros asentamientos de Latinomérica durante el Encuentro de Líderes Comunitarios en Perú 2011

De vecino a vecino

Me llamo Shirley Medina. Me dicen Pelusa. Estoy casada y tengo siete hijos y diecisiete nietos. Estoy muy orgullosa de mi familia.

Vivo en el asentamiento “Islas”, el más antiguo de Montevideo, en Larravide e Isla de Gaspar. Cuando llegué, hace 35 años, no había agua, luz, calles, etc., etc. Sólo un 35% de los niños iban a la escuela y a los doce años dejaban de estudiar. Las mujeres salían con sus maridos a clasificar.

Vivir ahí era terrible: predominaban los ranchos de chapa y cartón. Todo era barro, por lo que los chicos para ir a la escuela salían con dos calzados: los primeros embarrados se los quitaban en casa de una vecina para seguir camino a estudiar con otros limpios. No entraban ambulancias, ni taxis, ni policías.

Decidida a construir una realidad diferente, y con el aliento de mis vecinos, comencé a hacer un trabajo de hormiga: en el almacén, en la esquina donde iba a buscar el agua, en la escuela y todo lugar en el que hubiera mujeres resultaban puntos de encuentro para convencer(nos) de que podemos tener una vida más digna.

Comenzamos a organizarnos y, de esta manera, vinieron algunos logros: en 1986 nos pusieron la luz, en 1990 el agua, en 1995 se hicieron las calles y se instaló el alumbrado público. En el 2005 vino el PIAI (Programa de Integración de Asentamientos Irregulares) a regularizar el barrio, hasta que en el 2007 descubrieron que hay plomo en suelo y que el 68 %de los niños tienen parásitos. Todo quedo en la nada.

Gracias a Dios que estábamos organizados: salimos a golpear puertas y ventanas hasta ser escuchados. Hicimos valer nuestros derechos. Así en el 2011 se firmó un convenio con la Intendencia y el Ministerio de Vivienda para hacer un realojo total de las 250 familias.

Por todos estos motivos y muchos más, le digo al vecino que debemos tener la capacidad de organizarnos: es la única manera de que nos escuchen. De esa manera los vecinos participamos, nos sentimos involucrados, nos comprometemos con el barrio, tirando todos juntos para el mismo lado. No importa que sean dos, cuatro o seis personas, lo importante es unirse por la misma causa. Sólo los que vivimos en un asentamiento sabemos las necesidades que tenemos y juntos podemos proponer soluciones. Estoy convencida de que podemos terminar con la pobreza en el espacio de nuestra vida, con nuestras propias manos y nuestras propias mentes. Los vecinos debemos organizarnos, capacitarnos, comprometernos, vincularnos con otras organizaciones, trabajar en conjunto e integrarnos al resto de la sociedad para sentirnos iguales. Uno no nace sabiendo, pero muere aprendiendo. Aprendemos todos los días algo nuevo: sepan que un barrio organizado tiene más voz que la de un solo vecino.

Shirley Medina – “Pelusa”

Vecina del Asentamiento “Islas”

Montevideo – Uruguay