TECHO
20 enero, 2018

De la indignación a la movilización

 

La noticia de un incendio en un asentamiento conmocionó al equipo de TECHO. Tras acudir al lugar y conversar con familiares y vecinos, pudimos constatar que las personas fallecidas residían en viviendas precarias, no en viviendas de emergencia construidas con la organización. Lejos de mitigar este punto nuestra indignación por la vulnerabilidad en la que viven más de 160.000 uruguayos, lejos de calmar nuestro ánimo por seguir trabajando codo a codo junto a las familias más excluidas del país, decidimos redactar estas líneas, de la mano de nuestro director general, recordando que la indiferencia y la exclusión son los principales factores de riesgo en el camino hacia la superación de la pobreza. 

La mañana del miércoles, la noticia de un incendio en un asentamiento de Montevideo y el consecuente fallecimiento de cinco personas, se coló en la cotidianeidad de muchos uruguayos. La caída de una vela, tras un corte de luz debido a la precariedad de la instalación eléctrica, desencadenó este triste pero ante todo indignante final.

Indignante porque son tragedias como esta las que nos recuerdan, en su expresión más cruda, la vulnerabilidad en la que viven las familias que se encuentran en asentamientos. Indignante porque son simples actos rutinarios, como el de iluminar o calefaccionar el hogar, resueltos en siglos pasados, los que confluyen en puntos semejantes, en un marco de irregularidad.

Así que el llamado de atención del pasado miércoles fue fuerte, impactante, pero no por eso novedoso. Hoy, 60.000 familias uruguayas aproximadamente viven en asentamientos. Asentamientos precarios, irregulares, informales, cualquiera sea su calificativo, son espacios signados por su condición de exclusión e incomprensión. Son familias marcadas por la constante improvisación de alternativas que permitan responder al diario vivir, dentro de la situación de pobreza por la que atraviesan, dentro de una situación de verdadera emergencia. Son familias que conviven con un riesgo constante, el que deben asumir o simplemente al que se deben resignar para sobrevivir.

En TECHO hemos aprendido a conocer otra cara de esta realidad. Contagiados por la indignación de los propios vecinos y por su ánimo de superación, hemos aprendido a trazar un camino desde el “sentir” hacia la acción. Pero para que este camino que los vecinos emprenden, golpeando puertas, buscando organizarse, redactando notas y acudiendo a todo aquel que pueda brindar una mínima respuesta, es necesario que todos seamos parte. Para que las puertas se abran, para que las organizaciones avancen, para que las cartas se lean, las preguntas se respondan y los proyectos se vuelvan hechos.

Que acontecimientos como los del martes a la noche nos indignen, ¡sí!, cada fibra de nuestro ser. Pero que por sobre todas las cosas nos movilicen como ciudadanos. Como los principales agentes de cambio de nuestro entorno. Que nos anime a tender puentes con quienes la luchan día a día con otras dificultades. Que nos habilite a transformar la única realidad en la que vivimos todos, la que dice que el 12,5% de nuestros compatriotas vive en situación de pobreza. Que nos impulse a asumir ese reto como una responsabilidad y una oportunidad. Que nos comprometa con el desafío de que no volvamos a aceptar un amanecer más con noticias como la de este miércoles.

Tomás Villamayor

Director General de TECHO – Uruguay