TECHO
12 diciembre, 2018

¡NO vuelvo a entrar a Sabanilla!

En un sábado a las 09h30 está trabajando un transportista que se encuentra ante mí, le solicito una carrera hasta Sabanilla. El señor acepta pero me advierte que no conoce Sabanilla y que lo guíe. Sabanilla es un recinto rural ubicado en la vía Daule. Partimos desde la Piazza de Villa Club hasta llegar al redondel que tiene estatua con forma de mariposa, a esa misma altura se encuentra la entrada de Sabanilla, la misma se marca por un camino lastrado, no hay señalización ni letreros que indiquen el comienzo de Sabanilla o instrucciones de precaución para los conductores de vehículos.

A penas empieza el recorrido por el camino lastrado, el conductor refleja su inconformidad ante el negocio que acaba de hacer. Empieza diciendo: “Este camino ha sido horrible”, “todo el carro se me va a llenar de polvo”, “voy a tener que lavar el auto después que salga de aquí”, “yo no sabía que era así, este es el peor negocio que he hecho”, “el carro se me va a desbaratar”, y por último anunció: ¡No vuelvo a entrar a Sabanilla!

Esta es la conclusión a la que llega una persona que sólo ha  tenido UNA experiencia de conducción por la carretera de acceso a Sabanilla. Increíblemente en un sector donde habitan alrededor de 108 familias, diariamente estas personas tienen que sufrir el problema de transporte. El tiempo que toma desde el centro del poblado (La posición de la escuela) hasta la Piazza de Villa Club, debería tomar 10 minutos en un vehículo particular. A pesar de ello dadas las condiciones de la carretera este recorrido puede llegar a tomar más tiempo y los taxistas cobran $5,00 por recorrer un tramo tan corto, justificando este valor por el hecho de acceder a manejar por esta vía tan destruida. Porque esa es otra situación adversa: El hecho de que no todos los taxistas aceptan hacer carreras para entrar a Sabanilla.

Las condiciones de la carretera apenas comienza el camino son deplorables: Está lleno de baches, irregularidades, el polvo se levanta, atraviesan todo el tiempo volquetas que destruyen más la vía y levantan mucho polvo mientras circulan. Hasta el momento las autoridades han hecho muy poco por reparar estas vías de acceso; a pesar de que la comunidad se ha movilizado y ha entregado una solicitud para que arreglen la vía, exigiendo algo justo: “Que se les cumplan sus derechos como ciudadanos”.

Esta vía continúa desgastándose y es un daño para los vehículos que requieren atravesarla. Lucy Arreaga que es una madre de 2 hijos que vive junto a la escuela nos cuenta que cuando alguien está enfermo y necesita atención médica, el centro de salud más cercano con el que los pobladores de Sabanilla cuentan es uno que está ubicado en Las Lojas (A 20 minutos en carro desde Sabanilla). Los carros que contratan para transportar a la persona enferma desde su casa hasta el centro de salud les cobran $25,00. Cuando en la ciudad, a un taxi de cooperativa que hace una carrera que toma el mismo tiempo se le paga $6,00. Es decir que los habitantes de Sabanilla pagan más del triple del valor por el transporte.

La razón por la que cobran esta cantidad de dinero es la misma causa que hemos estado relatando: “Una vía de acceso en pésimas condiciones”, generan que pocos conductores de taxis quieran hacer carreras en Sabanilla, lo cual se traduce en poca oferta y trae como consecuencia un precio elevado por el servicio de transporte.

Los pobladores de Sabanilla deben pagar el precio que fijen los taxistas no tienen otra alternativa de transporte. No circulan buses por esta vía, lo único que se ve circular son motos, bicicletas y muy pocos carros. La cantidad de polvo que se levanta cuando circulan vehículos grandes o pequeños, llena de polvo las casas que están ubicadas al pie de la vía, además de inducir a las alergias en los niños y adultos que habitan allí.

Mientras no se soluciona el problema de la vía estas familias deben ingeniarse la manera de poder salir y entrar de Sabanilla para hacer las compras en el mercado, para ir a un centro de salud o para ir a una reunión de padres del colegio donde estudian sus hijos.

Escrito por Denisse Carrión Aguilera, voluntaria de TECHO Ecuador