TECHO
28 mayo, 2017

Luchar por el derecho a un trabajo digno para todos y todas requiere comprometernos para la construcción una sociedad más justa.

El Día del Trabajador nos convoca a reflexionar y poner en agenda una problemática que afecta a más del 40% de la población económicamente activa de Argentina: los y las trabajadores informales. Esto representa a personas que trabajan de manera precarizada, cuyas remuneraciones medias registraron una caída significativa en el último tiempo. No obstante, ni en situación de una economía en crecimiento los niveles de trabajo informal se reducen o eliminan por sí solas .

El fenómeno del trabajo informal se enraiza en la honda vulneración de derechos de las personas atravesadas por el mismo. De este modo, la calidad de vida se ve reducida por condiciones laborales extremas, como jornadas extensas sin pagos extras, la ausencia de seguro y cobertura médica, así como la falta de descanso adecuado.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Como consecuencia de todo esto, el empleo no registrado profundiza la situación de pobreza y vulnerabilidad de las personas que muchas veces, además, anula posibilidades de crecimiento personal y profesional así como la concreción de proyectos a futuro y previsibilidad. Esto alcanza de manera más intensa a las más de 650.685 familias que viven en asentamientos informales según el último Relevamiento de Asentamientos de TECHO. Para estos hogares, la inestabilidad en términos de ingresos se traduce en preocupaciones y miedos constantes en relación a la economía familiar. Es un desafío generar capacidad de ahorro, poder planificar gastos mensuales básicos o tener algún tipo de previsibilidad financiera para protegerse frente a cualquier eventualidad. Esta situación profundiza aún más la problemática de la vivienda. La informalidad laboral imposibilita el acceso al mercado de suelo o de alquiler de manera formal, dejando sin alternativas para garantizar el hábitat adecuado a gran parte de la población.

Para ello, se requieren transformaciones estructurales que reconozcan y garanticen  los derechos de los trabajadores no solo en la teoría, sino también en la práctica, como por ejemplo, a través de programas que incentiven la formación y desarrollo de habilidades u oficios, pero que además, se conecten con oportunidades reales de trabajo. A su vez, estos esfuerzos deben ser acompañados por un sistema de contención ante una situación de desempleo que permita la estabilidad para su grupo familiar, permitiéndoles mantener su calidad de vida hasta la recuperación.

Hoy, nuestra sociedad muestra altos niveles de tolerancia relacionadas a la explotación y a la informalidad que impacta a 13 millones argentinos y argentinas.

El número de personas en condiciones de informalidad laboral es alarmante y no parece ser prioridad. Las discusiones sobre los aumentos salariales o las paritarias absorben la agenda pública, dejando fuera de escena y restándole importancia al universo informal, postergado y sin protección de ningún tipo. Los cambios deben ser promovidos con urgencia desde los distintos organismos de gobierno.

Luchar por el derecho a un trabajo digno para todos y todas requiere comprometernos para la construcción una sociedad más justa.

 * por Gabriela Arrastua, Directora de Áreas Sociales en TECHO Argentina.