TECHO
21 enero, 2018

Una reflexión sobre el tiempo

El tiempo ha sido uno de los temas que más interés ha despertado entre filósofos de todas las épocas. Son cientos de miles las reflexiones escritas para dar cuenta de esta dimensión que marca nuestra existencia. Estas líneas, por tanto, no buscan intentar otra especulación metafísica, sino poner atención al tiempo como elemento fundamental de nuestro desafío de superación de la pobreza en el continente.

Cuando hace algunos meses J-PAL presentó los resultados del estudio hecho sobre el impacto de la vivienda de emergencia de TECHO, tuve la oportunidad de participar en la mesa que comentaría los resultados. Al terminar la exposición del Director de la investigación, me referí con orgullo los buenos resultados, pero también me permití un par de apreciaciones más críticas. Y una de ésas tenía que ver con el tiempo. Le pregunté si a la hora de evaluar la vivienda que Techo construía se tomaba en consideración el tiempo de espera de la familia antes de ver construida su vivienda.

Mi pregunta tenía que ver con algo que he constatado estos años. Que la tensión que generalmente se presenta en toda política pública es calidad vs cobertura, pues como los recursos son siempre escasos, la decisión será entre menos con mejor calidad, o más con una calidad más baja. Sin embargo, poco se considera la rapidez o lentitud con que la política llega a quien la necesita.

Hace un par de semanas estuve con los implementadores de la oficina de TECHO en Río de Janeiro. Me llevaron a Jardim Gramacho, el ex basural más grande de Latinoamérica, donde construimos las primeras viviendas y donde seguiremos trabajando en adelante. Al ver los puercos y los pájaros grandes y amenazantes, compartiendo la vida entre la basura con los niños y los perros, es que surge desde lo más interior un estremecimiento que hace olvidar el cansancio y mueve a decir: “no puede ser. Hay que hacer algo ahora”. Esa certeza y esa fuerza que se despierta en nuestro interior, solo ocurre estando ahí, con las familias, conociendo sus condiciones de vida.

Que el tiempo no esté generalmente incluido entre las variables que se evalúan en la política pública no es solo un descuido matemático, sino que apunta a algo más profundo. Es la evidencia que como sociedades no nos importa si la solución a ese o aquel problema se tarda poco o mucho. Si tuviera relevancia lo mediríamos. Pero no lo hacemos, porque no tenemos sentido de urgencia en el combate contra la pobreza.

Esto es muy claro en nuestros gobiernos en Latinoamérica. Se implementan políticas contra la pobreza año tras año, pero sin convencimiento de la prioridad ni de la urgencia de este desafío. Y por eso la pobreza permanece año tras año, década tras década. Pero no solo a los gobiernos les pasa esto, también a nosotros. También podemos perder el sentido de urgencia. También nuestro trabajo contra la pobreza se puede tornar monótono. Y de la monotonía a la desidia hay un paso muy pequeño.

Por eso jamás debemos pasar tanto tiempo frente a un computador—y yo soy el primero en reconocerlo—que me impida estar con las familias con las que quiero compartir mi vida y trabajo. Es esencial que así sea, pues si no perdemos no solo el sentido último de nuestro trabajo, sino también el sentido de urgencia. Pues si lo perdemos, estaremos dejando de cumplir la misión que tenemos como TECHO: denunciar, incomodar, movilizar a una sociedad que fácilmente olvida que la pobreza no es una condición natural, sino creada, y que es una condición que estamos llamados a derrotar sin demora.

Hace ya algunos años—honestamente, más que solo algunos—cuando estaba en mi último año de secundaria, fui al Estadio Nacional de Santiago de Chile al encuentro del Papa Juan Pablo II con los jóvenes. Y me quedó marcada con fuego en mi memoria y en mi corazón una frase que el Papa nos dirigió con fuerza y repitió más de una vez: “los pobres no pueden esperar”. Jamás se me olvidó.

Columna escrita por Cristián del Campo SJ, capellán de TECHO.