TECHO
18 enero, 2018

¿Qué nos deja la II Cumbre del CELAC?

                                                                                              Fuente foto: UE

Recientemente concluyó en la Habana, Cuba, la II Cumbre de la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños (CELAC). Habitualmente, ante este tipo de  eventos y conferencias internacionales,  surgen dos valoraciones, que más o menos podríamos describir de la siguiente forma. Por un lado, están quienes  magnifican los alcances de históricos y transformadores del espacio; y por otro, quienes consideran que es una cumbre más, pagada con recursos públicos, cuyos alcances no pasarán de ser lindas aspiraciones en letra muerta.

Sin embargo, si nos despojamos al menos por un momento de dichas concepciones y tratamos de buscar que podríamos rescatar de esta cumbre y de su declaración en particular, podríamos encontrar algunos temas de interés para Latinoamérica y el Caribe.

Una institucionalidad exclusiva para América Latina y el Caribe. La CELAC acoge a 33 países de América Latina y el Caribe. De los 33, asistieron 31, lo cual evidencia el posicionamiento prioritario y la valoración positiva que hacen nuestros muy diversos gobiernos respecto a este organismo.

A diferencia del Mercosur, de la Comunidad Andina de Naciones, del Caricom o del CAFTA, la CELAC no sólo hace énfasis en lo político por encima de lo económico y comercial, si no que también acoge a todos los países del continente, con la excepción de Estados Unidos y Canadá.

La alta participación, sumada a las directrices que emanaron del Pacto de La Habana, dan cuenta de un entendimiento de las necesidades propias de la región, enfocadas en el cumplimiento de los Derechos Humanos y el desarrollo latinoamericano con una óptica inclusiva.

Por otra parte, la cumbre de La Habana contó con la presencia del Ban Ki-moon, secretario general de ONU y del propio Secretario General de la OEA, José Miguel Insulza, lo cual brindó señales de legitimidad interna y externa a la región y con ello, fortalece este impulso de contar con una organización exclusiva para la región.

Comunidad soberana que diversifica sus relaciones internacionales.  También destaca de la CELAC, la reiterada intención de promover la integración respetado las diferencias ideológicas, los conflictos internos y las decisiones soberanas de cada país para avanzar en la agenda regional. Esto es clave en una región históricamente intervenida en su soberanía y con antecedentes de conflictos entre Estados.

 

Sin embargo, a pesar de ciertos avances en la promoción  de la paz, lo cierto es que la región aún no es pacífica. Latinoamérica presenta altísimos índices de violencia, lo cuales evidencian los altos niveles de deterioro en cohesión social, pobreza y desigualdad.

Desde las más de 450 comunidades en que TECHO trabaja, estos indicadores se evidencian con crudeza. Asentamientos generados a partir de masas de desplazados internos en Medellín, los riesgos de expulsión constante, la desvinculación a redes formales que puedan dar cumplimiento a sus Derechos Fundamentales son apenas un esbozo de cómo vive al menos un tercio de la población en el continente.

En ese sentido, llama la atención la opción por el impulso al desarrollo económico regional, cuya estrategia además de promover los lazos de solidaridad, también incluye la apertura y el fortalecimiento de relaciones diplomáticas con otras regiones/países del mundo, más allá de Norteamérica anglosajona y Europa.  En la medida que esto se concrete, la región tendrá una oportunidad de disminuir su dependencia histórica y a la vez, de colocarse estratégicamente en un mundo globalizado con mayores oportunidades para sus pueblos.

A partir de esto, se puede rescatar la relevancia histórica que tiene la consolidación de una organización multilateral de países estrictamente Latinoamericanos y Caribeños, que dialoga y construye su futuro, en igualdad de condiciones. Una organización que desde la cooperación sur-sur, se aglutina para desarrollar una agenda regional de integración respetuosa de la autodeterminación de cada pueblo y  de su soberanía.

Asimismo, destaca el énfasis en temas como reducción de la pobreza, desigualdad, la priorización de grupos vulnerables, agenda ambiental y una apuesta por la solución pacífica de controversias. Todos estos son temas realmente relevantes para el desarrollo regional, claves certeras sobre los desafíos que la región más desigual del planeta debe no sólo buscar, sino buscar alcanzar de manera articulada.

Sin duda, queda mucho por impulsar, pero parece que podría ser más sencillo con menos intervención, menos dependencia y más acuerdos estratégicos hacia el crecimiento económico responsable, mejor distribuido y respetuoso de los derechos humanos; que, al menos en apariencia, la CELAC pretende seguir impulsando.

Columna escrita por: 

Patricio Morera Víquez

Director Región Andina TECHO