TECHO
25 septiembre, 2017

¿Cómo financiar la Producción Social del Hábitat y la Vivienda?

América Latina es la región más desigual del mundo y más urbanizada de las regiones periféricas. Esta realidad contiene graves manifestaciones de fragmentación, segregación y exclusión social. No vivimos en una región pobre sino en sociedades injustas. En la actualidad, 113 millones de personas, un cuarto de la población urbana, viven en asentamientos informales en la región.

Frente a esta realidad, la producción social del hábitat se desarrolla como una filosofía y práctica de resistencia democrática, y muchas veces de subsistencia, a través de la construcción y transformación de espacios por parte de los ciudadanos y ciudadanas, al margen del Estado y frente a la exclusión del mercado. En los países del sur global, más del 50% del hábitat se produce de esta manera. Y en términos económicos en su mayoría es financiadas por los mismos pobladores a través de los ingresos del hogar y esfuerzos colectivos.

Entre las distintas estrategias para financiar la producción social del hábitat, en el marco de la definición de la Nueva Agenda Urbana Mundial, es preciso hacer énfasis en el papel del Estado para su promoción y apoyo. Donde el financiamiento, junto con aspectos técnicos y jurídicos, es uno de sus pilares más importantes.

Entendemos la producción social del hábitat como una práxis esencialmente democrática de ciudadanos y ciudadanas, concientes y empoderados. Y para que esta pueda ser abordada integralmente, es necesario avanzar en la reforma social del Estado. Desplazándolo de su función principal como facilitador del mercado y su tarea subsidiaria de la exclusión que este genera. En dirección a transformarlo en el principal agente de la construcción participativa de lo común. Que por consiguiente, tenga una naturaleza de promoción de los diversos los tipos y espacios de participación social. En otras palabras, podríamos decir que para lograr un impulso estructural de la producción social del hábitat, se debe abordar problemática necesidad de la producción social del Estado.

Para el caso de los Estados latinoamericanos, es necesario poner énfasis en su papel en la distribución y redistribución del ingreso y las riquezas. Entre otras cosas, a través de la regulación de los mercados, un sistema tributario progresivo, la socialización de la producción y la gestión democrática de los recursos. Así como también del desarrollo de una política social con un enfoque universal y de derechos. Frente a la coyuntura económica actual, esto requiere poner en el bienestar de las personas en el centro de la economía y por lo tanto, implementar políticas anticíclicas que garanticen la protección de los derechos ciudadanos.

Dentro de acciones específicas para el financiamiento de la producción social del hábitat a través del Estado en articulación con otros actores sociales, es importante enfatizar en el fortalecimiento un marco institucional con un enfoque de derecho al suelo, la vivienda, el hábitat y la función social de la propiedad. Entre otros, incorporando diversas formas de propiedad, promoviendo la propiedad comunitaria, regulando la apropiación privada y ampliando la participación de la propiedad estatal del suelo. A la vez que se amplían y fortalecen mecanismos de seguridad de la tenencia del suelo y la vivienda y políticas de redistribución como lo son la recuperación de plusvalías y/o impuestos a propiedades suntuarias.

El financiamiento debe incorporar la promoción y/o ampliación de presupuestos participativos en los distintos niveles del aparato público. Potenciando el desarrollo de espacios público que combinen la cogestión y autogestión. La promoción de la organización de cooperativas de vivienda y hábitat y de desarrollo comunitario y solidario. Y asimismo, se debe garantizar el acceso al crédito, la promoción del ahorro y mecanismos de coordinación que permitan mejorar costos de producción. Por otro lado, es fundamental fortalecer la capacidad económica, facilitando la organización de un sistema de trabajo, producción, distribución e intercambio popular.

La definición de la Nueva Agenda Urbana Mundial es una instancia clave para avanzar en esa línea. Sin lugar a dudas es un desafío complejo. Y profundizar y ampliar las iniciativas ciudadanas de transformación de comunidades, ciudades y hábitat en general, es fundamental para sociedades que deben encarar con determinación la construcción de igualdad, derechos, democracia y bien común.

Luis Bonilla

Director Operativo de TECHO Internacional

Esta reflexión forma parte del Side Event organizado por Plataforma Global por el Derecho a la Ciudad en el marco evnto oficial temático hacia Hábitat 3: Financiamiento del Desarrollo Urbano.