TECHO
20 junio, 2018

¿Acaso es necesario un Día Internacional de la Mujer?

A simple vista, 2014 años (para tomar un punto temporal de referencia universal) parecen ser suficientes para que una raza que desarrolló de manera superior sus capacidades de lenguaje respecto a las demás haya podido también consolidar procesos relacionales de equidad y respeto entre todas las personas. Sin embargo, eso que a simple vista puede parecer algo indiscutible, se convierte en fantasía cuando nos sentamos a analizar los sistemas económicos, éticos y sociopolíticos que originan, sostienen y reproducen las relaciones humanas de las que formamos parte.

En 2014 años, no hemos logrado establecer patrones relacionales alejados de la injusticia, la violencia, la desigualdad, ni la discriminación. Pobreza, homofobia, xenofobia, discriminación por religión, discriminación por género son tópicos comunes en esta discusión. Lejos de ser libros de historia, son temas que aparecen cada día en las páginas de los diarios de todo el mundo, en los titulares de sucesos de los noticieros y en el papeleo legal de algunos juzgados, siendo irónicamente la última aparición señalada, la más esperanzadora.

Aún en ese escenario, muchas personas se preguntan: ¿Acaso es necesario un Día Internacional de la Mujer?

La Organización Mundial de la Salud (2013) señala que a nivel global un 35 por ciento de mujeres ha sufrido violencia física y/o sexual. La Comisión Económica para América Latina y otros (2013) contabilizan que en América Latina todavía cinco de cada 10 mujeres están fuera del mercado laboral, la proporción de mujeres jóvenes que están fuera del mercado laboral (28%) es más del doble que la de los hombres (12%) y el desempleo femenino es dos puntos porcentuales más alto que el masculino (7,8 % versus 5,9 %).

Complementario a esto, la Asociación Civil Casa del Encuentro señala que, en 2013, hubo un femicidio en cada 30 horas en Argentina. En Bolivia, en tanto, la representante del Fondo de Población de las Naciones Unidas (Unfpa), Celia Taborga, indicó en una conferencia de prensa que, de los 154 casos de violencia política contra la mujer denunciados el año anterior, ninguno fue resuelto.

¿No son hombres víctimas de estas injusticias también? Esta respuesta es un sí. Pero, el elemento que no se puede dejar de lado, es que el limitado acceso a las oportunidades de desarrollo y a la protección de la integridad física y emocional, afecta mayoritariamente a las mujeres y está directamente relacionado con su condición de género. Las mujeres se ven cohartadas por el hecho de ser mujeres. Lo anterior es lo que diferencia la necesidad de visibilizar la igualdad de género como un tema de atención especializada, un tema que demanda una transformación de la visión individual y colectiva de la Mujer como sujeto de derechos, deberes y libertades, en cualquier lugar del mundo, ámbito y momento de la historia.

Aún en ese escenario, muchas personas se preguntan: ¿Acaso es necesario un Día Internacional de la Mujer? La respuesta, sin lugar a dudas es un no, porque no es necesario, sino urgente. Y no es urgente el día, sino la visibilización de las injusticias y de las luchas y los esfuerzos por revertirlas, así como de la responsabilidad personal que todos/as tenemos en el tema. Es urgente que las trasformaciones se den lo más rápido posible, que ninguna niña o Mujer en el mundo tenga miedo del matrimonio forzado, la mutilación de sus genitales o de la pobreza. Que todas las mujeres del mundo sean consideradas personas por ellas mismas y por los/las demás y tengan posibilidades plenas para el desarrollo de sus capacidades en autonomía y libertad.

El Día Internacional de la Mujer, no es un día para celebrar. Es un día para recordar cuántas luchas han sido necesarias para avanzar en la igualdad del goce de derechos sin discriminación de género en el mundo, cuántas personas (hombres y mujeres) entregaron su vida a estas luchas y cuánto camino falta para poder celebrar una sociedad verdaderamente igualitaria.

** Grettell Salazar es Sicóloga y actualmente se desempeña como Directora de Habilitación Social en TECHO.