TECHO
21 julio, 2018

El Poder ciudadano de superar la pobreza

El 17 de octubre de 1987, más de cien mil personas se reunieron en París alrededor de Trocadero, para rendir homenaje a las “víctimas de la pobreza”. Dentro del mensaje que nos enviaron al resto de la sociedad, indicaron que la pobreza es una violación a los derechos humanos y afirmaron la necesidad de aunar esfuerzos para garantizar el respeto de esos derechos[1]. A raíz de esto, es que en el año 1993 la Asamblea General de las Naciones Unidas mediante su resolución 47/196 , declaró este día para la conmemoración del Día Internacional para la Erradicación de la Pobreza e invitó a todos los Estados a que dediquen el Día a presentar y promover, según proceda en el contexto nacional, actividades concretas de erradicación de la pobreza y la indigencia[2]. Hasta la fecha, año tras año conmemoramos esta fecha en cada uno de nuestros países.

Pese a esto, actualmente sólo en Latinoamérica más de 167 millones[3] de personas viven en situación de pobreza, es decir, con menos de USD$1.25 al día. Es preocupante que nuestro único indicador regional reduzca esta problemática a la percepción de ingresos, pero es aún más grave que actualmente la gran mayoría de nuestros países y de los organismos internacionales sigan enfocando sus esfuerzos midiendo la pobreza de esta forma, desconociendo la multidimensionalidad de la problemática.

Que en 20 años mantengamos a tantos de nuestros compatriotas en esta situación de vulnerabilidad constante es una prueba que, desde que se comenzó a conmemorar esta fecha hasta hoy, aún son extremadamente insuficientes nuestras acciones como sociedad para generar un impacto real y sostenible en el largo plazo. En este tiempo hemos sido testigos pasivos en el trabajo para acabar con la situación indignante en que viven millones de personas.

Una movilización de cien mil personas logró que se le diera relevancia a un tema tan importante como este, que radicó nada más en la selección de 1 día (dentro de 365) para conmemorarlo. Desconozco la verdad, qué impacto real ha tenido la conmemoración de este día en la reducción de los niveles de pobreza, pero por la magnitud actual del problema, se puede deducir que los esfuerzos que hemos realizado no han sido suficientes.

En mi opinión, lo más relevante de este ejemplo es que cuando nos unimos como seres humanos para manifestarnos sobre algún tema o para denunciar alguna situación, generamos impacto. Entonces, la pregunta que planteo es: ¿Qué podríamos hacer para que este tipo de manifestaciones, producidas por un claro y justificado descontento, radicaran en un impacto mayor para superar la pobreza? ¿Cuál es la clave para que la respuesta de la sociedad ante estas manifestaciones no sea el poner un parche para calmar los ánimos simplemente?

La única respuesta que he encontrado y me hace sentido, es que cada una de estas manifestaciones, debe venir acompañada de acciones concretas; de proponer soluciones y de poner a disposición nuestras manos para ejecutarlas, siempre en conjunto a las personas que la viven a diario.

No sirve de nada reclamar y pedir que se nos escuche, si vamos a traspasar toda la responsabilidad de ese descontento a un tercero; sea el Estado, el sector privado o a otros ciudadanos. La única forma de superar la pobreza realmente, es que cada persona asuma su cuota de responsabilidad sobre su existencia y se haga cargo de ella. Que humildemente reconozcamos que somos parte de la construcción de un sistema que ha llegado a aceptar a la pobreza como “parte de su naturaleza”, que nos demos cuenta del error conceptual que eso significa, pero por sobre todo, nos pongamos a disposición y dediquemos parte de nuestro tiempo y esfuerzo, para enmendar ese error.

Debemos entender que somos cómplices de la realidad; que a través de nuestras creencias y convicciones vamos aportando a crear la realidad en la cual nos desenvolvemos. En el momento que concebimos esto, llegamos a entender que no solo tenemos el deber de cambiar la realidad, sino que también contamos con las herramientas para hacerlo. Cada parte de nuestro cuerpo es una potencial herramienta de creación.

Algunos dirán que no hay voluntad política, otros que hay conflicto de intereses y uso de influencias para que esto no ocurra, y que por lo tanto, estamos condenados a que esta realidad no cambie. Hay un montón de excusas para no hacer nada.

Hay muchas causas de la pobreza; muchas más de las mencionadas ahí, y es importante que reflexionemos y generemos una postura personal ante las mismas. Pero dentro de todas las diferencias de pensamientos que se puedan tener al respecto, dentro de las interminables discusiones y debates que se puedan generar al respecto, hay cientos de millones de personas que no pueden esperar a que nos pongamos de acuerdo para encontrar solución a su problema. No pueden soportar a que sigamos conmemorando por 20 años más esta fecha, si no estamos logrando un impacto real sobre una problemática con la cual ellos deben luchar día a día.

Hoy como TECHO hacemos este llamado y proponemos un espacio de participación concreta. La plataforma Comparte los invita a participar y aportar al trabajo que las mismas comunidades están generando para su desarrollo, pues creemos que la superación de la pobreza requiere de acciones reales, de acciones inclusivas que convoquen a personas de todos los sectores de la sociedad, de acciones que tengan como principales gestores a las mismas personas que viven la pobreza.

Dicho esto, está claro que esto no podemos hacerlo solos. No solamente por una obvia incapacidad física, sino porque es necesario hacerlo junto a otros, para que en conjunto construyamos una realidad en que, no solo yo, sino todos y todas nos sintamos cómodos y realizados.

*Agustín Wolff  (@agustinwolff)es Director Social de TECHO en Latinoamérica.

 

[1] www.un.org

[2] Op Cit.

[3] CEPAL 2012