TECHO
25 abril, 2018

Creer, crear, crecer y desaparecer

TECHO tiene que desaparecer. Sólo si desaparece habremos logrado nuestra misión en el mundo. Pero, ¿cómo hacemos para desaparecer?

Nuestro primer paso es creer. Creer que podemos alcanzar un mundo justo y sin pobreza. Creer que no podemos descansar mientras existan familias viviendo en asentamientos. Creer que son los jóvenes junto a las familias de asentamientos quienes están llamados a hacer la tarea que los adultos fracasaron en hacer. Creemos que somos capaces de convocar a una sociedad entera a esta cruzada haciendo de la pobreza un enemigo público común para todos.

Luego, crear. En TECHO creamos un modelo de desarrollo comunitario para terminar efectivamente con la pobreza de los asentamientos. Vamos creando maneras para que las familias de los asentamientos fortalezcan su identidad, su participación, sus redes y la capacidad para autogestionar sus propios procesos de superación. Estamos comprometidos a crear modelos sostenibles de estructura financiera y de financiamiento para existir hasta que podamos dejar de existir. Crear un polo de atracción de voluntarios capaz de formar en conciencia social a los tomadores de decisión del mañana. Creamos una energía tal que vamos dejando en claro que la pobreza no puede esperar.

El tercer paso es crecer. Crecer en cantidad y en calidad. Crecer hasta ser la organización de voluntarios más grande en cada uno de los países donde operamos, logrando multiplicar los quinientos mil voluntarios que ya hemos movilizado. Vamos creciendo en redes que puedan acercar oportunidades a los asentamientos donde trabajamos. Ya estamos en 21 países y más de 60 ciudades y aún así debemos trabajar en nuevos continentes, países y ciudades para hacer del nuestro un movimiento mundial contra la pobreza. También  crece el impacto de nuestros programas, para lo cual nuestro Centro de Investigación Social los evalúa periódicamente y define cuáles potenciar, mejorar o desaparecer…

Porque finalmente tendremos que desaparecer. Podremos hacerlo cuando la pobreza desaparezca, y para que esto suceda, trabajamos para que primero desaparezca la pobreza de nuestras cabezas. Junto con eso nos ocupamos que nuestro trabajo se transforme en políticas públicas. Sólo si los Estados se hacen cargo estructuralmente de superar la pobreza, podremos alcanzar la meta. Para desaparecer tendrá que suceder que la sociedad entera asuma la responsabilidad de detener las causas de la pobreza en cuanto aparezcan, en nuestro lenguaje, en nuestras conductas, en nuestra forma de pensar.

Cuando TECHO desaparezca, podremos dormir tranquilos.

*Columna escrita por Javier Zulueta, director ejecutivo de TECHO.