TECHO
17 julio, 2018

Detrás de los rótulos, la fuerza de los barrios

Miles de personas cargan hoy con el rótulo de pobres, de usurpadores, de ciudadanos de segunda. Se dice que no pagan impuestos, que toman unos metros de tierra para asentarse, que viven en la ilegalidad, que son vagos, que viven así porque quieren.

La realidad es que en las villas y asentamientos se viven condiciones de vida indignas, drogadicción, desempleo o empleo informal, falta de una educación de calidad, y redes de clientelismo fuertes que extienden esta situación de exclusión.

Hay personas viviendo literalmente en el barro, hacinadas, que mueren por una tormenta, electrocutados al intentar prender la luz por tener una instalación precaria, o por un incendio voraz que se llevó su transitoria casilla en segundos.

 Al trabajar en villas y asentamientos vemos estas condiciones que se viven, vemos dónde tienen que cocinar, donde tienen que dormir, donde tienen que ir al baño; vemos cómo teniendo empleos informales con sueldos por debajo del mínimo tienen que alimentar a una familia entera, vemos niños descalzos, embarazos no deseados, servicios básicos ausentes.

Pero no todo es desamparo. En cada barrio viven actores sociales decididos y capaces de llevar adelante la construcción de la ciudad que su realidad les niega. Personas que no “están perdidas” cuya situación hay que alivianar con un plato de comida, una bolsa de ropa o una canasta navideña. No nos interesa la solidaridad que apacigua pero no busca erradicar la pobreza de raíz, que alivia pero no cura. Trabajamos en lo urgente pero buscando a su vez soluciones de fondo.

En este sentido, apuntamos a que los gobernantes también dejen de ver a las personas que viven en situación de pobreza como meros entes pasivos, víctimas o beneficiarios de las decisiones políticas. Los vecinos no pueden quedarse como espectadores viendo lo que se decide alrededor sobre sus propias vidas: deben participar y trabajar activamente sobre las políticas que les incumben. Por esta razón apostamos a la articulación de esfuerzos entre cada comunidad, institución de la sociedad civil, municipio, gobierno.

Sabemos que para que esos barrios salgan adelante, es necesario que las familias accedan a una real ciudadanía, participando y trabajando por mejorar su situación. Son ellos los que verdaderamente nos pueden decir cuáles son los principales problemas en los asentamientos para intentar solucionarlos, en conjunto.

Ahora más que nunca tenemos la obligación de seguir trabajando hasta que todas las personas tengan un acceso adecuado a la ciudad y al hábitat.

** Agustín Algorta es Director Social de TECHO-Argentina. Esta columna fue escrita para un suplemento especial sobre la organización, escrito para el diario de circulación nacional Clarín, en octubre de 2012.