TECHO
28 abril, 2017

Conoce 3 de las historias que estarán presentes en el próximo Encuentro Latinoamericano de Líderes Comunitarios

Latinoamérica está cambiando. Su población está migrando hacia las urbes, que hoy concentran al 80% de las personas. Con eso, concentran también la pobreza y desigualdad que ataca la región: hoy, se estima que 1 de cada 4 ciudadanos y ciudadanas viven en asentamientos informales. Las causas son múltiples pero todas redundan en la falta de reconocimiento de sus Derechos Humanos.

La otra cara de las estadísticas alberga a cerca de 670 comunidades que creen en el cambio y lo están empujando desde sus espacios y con las que TECHO trabaja. Así como las causas que originan los asentamientos son históricas, el trabajo de las mismas comunidades tiene experiencia acumulada, que se compartirá como parte de los objetivos del Próximo Encuentro Latinoamericano de Líderes Comunitarios, que se llevará a cabo en México entre el 18 y el 22 de mayo.

Los líderes son representantes de ese trabajo y de la transformación social que se puede originar si consideramos su perspectiva en el diseño de sociedades más justas y la reivindicación de los DDHH.

Te invitamos a conocer 3 de las 100 historias que estarán representando la transformación social en México

1.Gladys González, asentamiento Rincón del Lago, Colombia:

Es una mujer tolimense de 65 años de edad. Fue desplazada de la violencia junto con su familia, víctima del conflicto colombiano de los años 60. A su llegada a la comunidad de Rincón del Lago, en Altos de Cazucá, hace más de 22 años asumió la batuta de su comunidad gestionando, planeando y poniendo en marcha múltiples proyectos desde la adecuación del alcantarillado hasta una escuela taller y un puente que unía a la comunidad con otro barrio aledaño, considera que es una mujer con convicción que aún tiene mucho que hacer en su comunidad, sobre todo por niños, jóvenes y abuelos. Cree que la educación es la mejor herramienta de transformación comunitaria y por ello apuesta a proyectos relacionados con este tema. Lleva tres años en la Mesa de Trabajo de TECHO en los que ha trabajado por varios proyectos, entre ellos, una escuela taller, una biblioteca, un puente comunitario.

2.Camilo Zhuzhingo, asentamiento La Isla, Ecuador

Este miembro de la comunidad La Isla ha visto su transformación desde hace 25 años, “cuando todo era una hacienda”. Una vez que se dividió el terreno, se formó el asentamiento. La directiva que formaron, para organizar a los vecinos, aún tiene trabajo por hacer “Hasta ahora, los principales desafíos que hemos tenido como organización han sido las dudas y temores de los vecinos frente a los proyectos”, relata.

No obstante, ya han generado alianzas con instituciones para la construcción de la casa comunal. “Considero que lo que hace única a nuestra comunidad es la alegría de la gente al trabajar; es difícil organizar una comunidad, pero ver el trabajo, la humildad, el apoyo entre vecinos realmente anima y hace de este barrio un lugar lindo donde vivir y compartir” cuenta y finaliza: “Este proceso comunitario nos ha dado muchas experiencias que contar”.

3. Lola del Carmen Esquivel Asentamiento Santa Julia, Nicaragua

Lola conoce el trabajo del campo desde siempre y lo ha trabajado desde los 11 años, lo que le enseñó el rigor y los desafíos diarios, cuenta. Por eso, cuando comenzó a formar parte del comité del asentamiento Santa Julia, en Nicaragua, aportó con lo que ya sabía desde hace mucho: trabajo duro y lucha constante. “El desafío mas grande es cómo trabajar a la par de los hombres. Pasamos 15 años para que hoy los hombres de la comunidad Santa Julia comprendan el papel de un líder y principalmente llevado por mujeres”, reflexiona.

Cuenta que lo que hace única a su comunidad es el liderazgo, que trabaja para que todos y todas puedan unirse en solidaridad. “Hasta hoy seguimos luchando en conjunto toda la comunidad. Siempre nos ha marcado tierra, agua, electricidad Derechos Humanos de mujeres y hombre esto se mantiene hasta la actualidad”, agrega.

Lola, que hace 10 años vive en Santa Julia, ha aprendido de la organización comunitaria que no existe una varita mágica, pero que la transmisión cultural de un sentido de unidad es clave para avanzar: “Si innovamos con ideas podemos estimular e incentivar el cambio”, remata.